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EL
LADO OSCURO DE
NUESTRA SOCIEDAD
“Un amor
de Chajari”
es una obra escrita
y dirigida por
Alfredo Ramos.
El género
elegido para mostrar
a una sociedad
que ha tocado
su fondo, es el
grotesco criollo.
Personajes y conflictos
están brillantemente
balanceados entre
lo trágico
y lo cómico.
Lo escabroso se
mezcla con la
ternura, la crueldad
convive con la
compasión
y el sorprendente
final cala hondo
y deja una sensación
de perplejidad
que queda flotando
en la sala.
Los personajes
tienen, por alguna
razón,
tronchadas sus
ilusiones y proyectos,
sus deseos están
reprimidos. Se
culpan unos contra
otros pero nunca
asumen su propia
responsabilidad
por lo que acontece.
Esperan un milagro
para concretar
sus objetivos,
el esfuerzo por
lograr los mismos
es dejado de lado.
Están aferrados
a quimeras para
escapar de su
realidad. Son,
cada uno a su
manera, autoritarios.
Tejen alianzas,
traicionan y son
traicionados.
Cuando la realidad
les golpea la
cara reaccionan
con violencia
o se quedan impávidos
sin poder hacer
nada. Cada uno
de ellos intenta
“salvarse”
sin importarle
mucho lo que le
sucede al otro.
Lo que se observa
es el lado más
oscuro de una
sociedad, expuesto
a la luz, ferozmente
y sin contemplaciones.
El nivel de todos
los rubros de
esta obra es de
alto vuelo. Las
actuaciones son
lanzadas, jugadas
a fondo por cada
uno de los actores.
Sus composiciones
son ricas en matices.
No es dable destacar
a ninguno de ellos
porque todos están
magníficos.
Es admirable como
logran la tonada
litoraleña
sin caer en ningún
momento en estereotipos.
El espacio escénico
diseñado
por Félix
Padron es ingenioso
y admirable. Apenas
se pisa la sala
se ubica al público
en un sitio agreste,
solitario. Esta
muy bien diferenciado
el mundo opresivo
del interior,
con el expansivo
del afuera. La
planta escenografica
esta ubicada a
mitad de la sala,
muy cerca del
público.
El estrecho mundo
en que se mueven
estos seres es
la parte de atrás
de una estación
de servicio, perdida
en una ruta entrerriana.
En eses pequeño
espacio se encuentran
atiborrados: una
radio, único
medio que los
comunica con el
mundo, una cama,
una mesa, sillas,
cacerolas, partes
de autos, escaleras
que se utiliza
para tender la
ropa, baterías
de autos y una
escopeta. A foro
una estructura
da la idea de
que es un retrete
(pero nada es
lo que parece),
a la derecha de
esa estructura
un agujero cubierto
por una cortina
oculta un dormitorio.
La única
puerta por donde
se puede entrar
esta ubicada a
la izquierda,
ventanales de
madera con vidrios
rotos, al lado
de la puerta,
completan el opresivo
espacio.
Las luces de Jorge
Pastorino juegan
con penumbras
sólo interrumpidas
por algún
relámpago
creando un clima
tenso y de misterio.
El vestuario es
muy bueno. Las
ropas muestran
el mundo interior
de cada uno de
los personajes.
“Un amor
de Chajari”
es una obra excelente,
es imprescindible
verla ya que muestra
una radiografía
minuciosa de una
sociedad, que
de tan parecida
a la nuestra,
duele. |