10 setiembre de 2010
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Guillermo Beresñak & Burbujas Amarillas
La cuerda visceral
Guillermo Beresñak & Burbujas Amarillas editó su primer álbum
Por encima de su fértil actividad como productor, Guillermo Beresñak se extiende como uno de los artistas más intrépidos del oeste del Gran Buenos Aires: actualmente, integra Tamarisco (reggae), Dúo limón (tango), Le mikrocosmos (electrónica), El Chávez (cumbia, dub y electrónica) y Jenifer y su auto mágico (un collage de todos estos géneros tomados desde un formato canción).
En paralelo a estos conjuntos, desarrolla su hemisferio solista junto a Burbujas Amarillas, proyecto con el cual editó su primer álbum de manera independiente: En busca del beso mágico.
Este disco extrae la esencia más pura de la canción. Beresñak desemboca en la sonoridad acústica que ofrece el piano, la guitarra criolla y la voz (mientras sutilmente entran en fricción con sintetizadores, programación y fx).
En simultáneo, y sin neutralizar el lineamiento estético de cada pieza, se ensamblan voces, guitarras, coros, batería, contrabajo, vibráfono y scratch, ejecutados por músicos invitados (como su fiel paladín, Juan Ignacio Serrano) que profundizan así los matices tímbricos del álbum.
En busca del beso mágico compagina elementos de la música académica y el pop/rock. La cadencia de este disco se dilata y repentinamente acelera y se contrae, enhebrando una dorada elasticidad en su dinámica. En composiciones como Martes 13 y Vuelve a suceder, Beresñak utiliza armonías circulares para fraguar las tensiones sobre cada pieza. Su monotonía abre el dramatismo. En Serpientes, construye con el piano una atmósfera suspensiva y espectral; mientras en Quiero saber, cincela beats electrónicos hasta descubrir un pulso bailable.
Beresñak se desplaza con equilibrio entre su instinto salvaje y su serenidad. Su voz gestual aflora en susurros, melodías vibrantes o graznidos desesperados, en versos que desnudan su universo interior, como un espejo espiralado de deseo, miedo, duda, paranoia y caos. Indudablemente, las letras son otra puerta luminosa en su obra: su poética tintinea con premura en ejemplos como Señales de humo (Estoy girando sin moverme del lugar// Guardar granitos de tiempo en los relojes de arena/ con la cordura despintada enmudeciendo la pena/ sobrevolando las escamas de este imperio estreñido); Soledad (El aire blando es sordo y espanta de ausencia); o No te vayas (Estoy fuera de foco, parezco un huracán/ la luna es muy hermosa, me tiro por un tobogán).
Su percepción nostálgica del amor gira sobre su eje para suturar esas llagas con soliloquios dulces y empecinados que actúan como lenitivos. De este modo, Beresñak traza una simbiosis voraz y vertiginosa entre su voz y su piano, reencarnando así a su naturaleza más desgarradora y transparente.

Matías Rodríguez



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